24.11.15

El llanto fue mi mejor desmaquillante.

Con cada lluvia van pasando las gotitas, 
borrando gestos, risas, té caliente
 y galletitas (con mermelada de durazno).
Cada gota de dolor va suprimiendo con paciencia aquella ausencia
 tan punzante y permanente que no ha dejado de acecharme:
 En las naranjas que me aconsejó
 para evitar resfriados,
 en cada vez que crucé la calle igual,
porque me dijo que si el conductor me veía no me iba a pisar. (etcétera)
Cae un vaso de cerveza,
 llueven las gotas destiñiendo sombreros, y muchos, duros momentos. 
¿Cuál es la medida de agua y de lavandina, la justa y necesaria para desintegrar en una sola pasada, kilómetros de ruta de esta memoria tan aplicada?
Vienen y van por mis ojos, en mis manos, recuerdos como pinturitas...
 El llanto fue mi mejor desmaquillante,
fue pasajera su visita...
 Ya no hay nada por borrar.

5.11.15

Hasta cuándo?

Un florero se rompe. Alguien lo reconstruye, uniendo de a uno los pedazos que lo forman. Cualquiera pensaría que, pese a las cicatrices,es un florero otra vez. Sólo quien hizo la reconstrucción sabe que en su interior aquel florero padece grietas irreparables. Recovecos donde la luz no alcanza a llegar que convierten a aquél en un camuflado jarrón. Ya no podrá alojar agua en su interior, ya no habrá aire para la flor. Y aunque vuelva a latir un amor, aquel corazón padece esporádicos dolores que no cesan. Algo se llevó la flor mas nadie arriesga la razón. Todavía siente ese vacío alojándose en cada cavidad, paseando por los rincónes pero nunca yéndose. Todavía duele. 

21.2.15

Hace diez años.

Esa semana fue interminable, siete eternos días sin trabajo. Nadie lo llamaba. No porque no tuvieran a sus mascotas enfermas, no porque fueran malos dueños, sucedía que  la gente, al igual que él, tampoco tenía trabajo (y, mucho menos, dinero para curar a sus animales.). Entonces yo era una niña de 8 años hambrienta de conocimientos y mundos nuevos que explorar, mamá tocaba la guitarra y juntas le poníamos color a nuestros días haciendo música.
Un día quise aprender -enseñame ese acorda, ma- y otro día - quiero tocar la escala de Do Mayor, mami-. Entonces fue octubre y me llegó la propuesta - es hora de que estudies lo que vos quieras-.
Por alguna razón tengo el recuerdo de que mi mayor deseo era estudiar teatro, pero supongo que fue por mi corta edad  que mamá me invitó a estudiar música. "Okey, quiero aprender violín" le dije. Pero en casa había una guitarra y yo ya había dado las primeras señales de guitarrista, por lo que me inscribió a penas dí el sí, y al año siguiente comencé mi nuevo viaje.
Y de pronto pasaron diez años.
Él tiene que apagar el teléfono porque las llamadas nunca cesan (cuando más me molestan es a la hora de la comida -¡ DEJENLO UN MOMENTO!-). Ahora la gente quiere, puede, llama y cura a sus mascotas, los colores flotan en el aire, y si hacemos música es porque esperamos que el arcoiris nunca se apague. 
Diez años después, ya no más una niña, aunque con la misma sed insaciable por conocer  y explorar mundos, sigo tocando la guitarra.
Resulta que un intríngulis dio síntomas días atrás. Me surgió la inquietante duda - qué quiero ser-. Ante la ansiedad me conseguí un trabajo, ahora que se puede, y en el apuro por calmarme, tomé una decisión apresurada: "Dejo el conservatorio, me cansé de estudiar guitarra". Pero el problema no se iba y yo seguía consternada, viajando de acá para allá, sin saber quién era. Lo charlé con amigos, con la psicóloga, con la almohada... Nada. Qué quiero ser. Hoy mamá, como hace diez años, me dio la respuesta.
"Hace diez años, la gente estaba triste, salía a pedir ayuda,no había trabajo, no teníamos ropa, comíamos fideos a diario. Irse de vacaciones se había vuelto una loca fantasía, la merienda te la daban en la escuela y tus útiles escolares eran eternos y renovables.  Y hoy siento la alegría de poder decir que gracias al cambio en las políticas de gobierno, eso cambió. Yo no sé de corrupción, de ladrones, de impunes. Yo sólo sé que hace diez años había colas de gente esperando poder conseguir un humilde puesto de trabajo, y ahora las colas están en los supermercados, en los restaurantes, en las rutas a la costa. La gente no marcha por dignidad, marcha por la compra de dólares (¡Pueden comprar dólares!), marcha porque quiere un sueldo más alto que el que tiene. Porque ahora tienen.
Y quizá en unos meses el gobierno de turno nos deje otra vez en aquella miseria que tanto padecimos,  por eso es que te ofrecí el estudio, las ganas, los colores, el amor. Porque  los hombres pasan pero las instituciones quedan, y si tenés un título y un trabajo en el Estado, no te vas a quedar en la calle como el empleado de una empresa en banca rota. Y no sabemos hasta cuándo seremos afortunados de esta suerte."
Por suerte me contó la historia de mi vida y otra vez la voy a escuchar.

10.1.15

Guerra en mí.

¿Cuándo pasó? ¿En qué momento volvieron la existencia del ser tan complicada? Si en definitiva ¡Todos nos vamos a morir! Frase cliché, también podría decir que en definitiva a todos les suceden las mismas cosas.  Pretenden dividir al mundo en "los que sí" y "los que no", como si siempre se levantaran con ganas de ir al trabajo. Todo es una reproducción infinita de algo que ya sucedió, que ya sucedió,que ya sucedió, que ya sucederá, sucederá,su sed dirá.
Hay guerra en Francia, guerra en el Estado Islámico, guerra en Argentina, guerra en mi casa. Guerras internas, externas, híbridas guerras que nos chupan el ser, y pretenden que siga mi vida como si todo estuviera en orden. ¿Cómo pueden pretender que esté feliz si aunque no mire la tele me bombardean con información por todos lados? No porque no quiera enterarme de cómo están las cosas, si fuera así no compraría el diario, pero... Se me llenan los ojos de lágrimas. Hasta guerra en mi.