21.2.15

Hace diez años.

Esa semana fue interminable, siete eternos días sin trabajo. Nadie lo llamaba. No porque no tuvieran a sus mascotas enfermas, no porque fueran malos dueños, sucedía que  la gente, al igual que él, tampoco tenía trabajo (y, mucho menos, dinero para curar a sus animales.). Entonces yo era una niña de 8 años hambrienta de conocimientos y mundos nuevos que explorar, mamá tocaba la guitarra y juntas le poníamos color a nuestros días haciendo música.
Un día quise aprender -enseñame ese acorda, ma- y otro día - quiero tocar la escala de Do Mayor, mami-. Entonces fue octubre y me llegó la propuesta - es hora de que estudies lo que vos quieras-.
Por alguna razón tengo el recuerdo de que mi mayor deseo era estudiar teatro, pero supongo que fue por mi corta edad  que mamá me invitó a estudiar música. "Okey, quiero aprender violín" le dije. Pero en casa había una guitarra y yo ya había dado las primeras señales de guitarrista, por lo que me inscribió a penas dí el sí, y al año siguiente comencé mi nuevo viaje.
Y de pronto pasaron diez años.
Él tiene que apagar el teléfono porque las llamadas nunca cesan (cuando más me molestan es a la hora de la comida -¡ DEJENLO UN MOMENTO!-). Ahora la gente quiere, puede, llama y cura a sus mascotas, los colores flotan en el aire, y si hacemos música es porque esperamos que el arcoiris nunca se apague. 
Diez años después, ya no más una niña, aunque con la misma sed insaciable por conocer  y explorar mundos, sigo tocando la guitarra.
Resulta que un intríngulis dio síntomas días atrás. Me surgió la inquietante duda - qué quiero ser-. Ante la ansiedad me conseguí un trabajo, ahora que se puede, y en el apuro por calmarme, tomé una decisión apresurada: "Dejo el conservatorio, me cansé de estudiar guitarra". Pero el problema no se iba y yo seguía consternada, viajando de acá para allá, sin saber quién era. Lo charlé con amigos, con la psicóloga, con la almohada... Nada. Qué quiero ser. Hoy mamá, como hace diez años, me dio la respuesta.
"Hace diez años, la gente estaba triste, salía a pedir ayuda,no había trabajo, no teníamos ropa, comíamos fideos a diario. Irse de vacaciones se había vuelto una loca fantasía, la merienda te la daban en la escuela y tus útiles escolares eran eternos y renovables.  Y hoy siento la alegría de poder decir que gracias al cambio en las políticas de gobierno, eso cambió. Yo no sé de corrupción, de ladrones, de impunes. Yo sólo sé que hace diez años había colas de gente esperando poder conseguir un humilde puesto de trabajo, y ahora las colas están en los supermercados, en los restaurantes, en las rutas a la costa. La gente no marcha por dignidad, marcha por la compra de dólares (¡Pueden comprar dólares!), marcha porque quiere un sueldo más alto que el que tiene. Porque ahora tienen.
Y quizá en unos meses el gobierno de turno nos deje otra vez en aquella miseria que tanto padecimos,  por eso es que te ofrecí el estudio, las ganas, los colores, el amor. Porque  los hombres pasan pero las instituciones quedan, y si tenés un título y un trabajo en el Estado, no te vas a quedar en la calle como el empleado de una empresa en banca rota. Y no sabemos hasta cuándo seremos afortunados de esta suerte."
Por suerte me contó la historia de mi vida y otra vez la voy a escuchar.