Es increíble cómo puedo pasar de sentir que me tiraría a las vías,
en ese instante en el que espero que pase el gigante de metal,
a sentir que lo único que me gustaría además de eso sería dar a luz.
Darle un sentido nuevo, culturalmente nuevo a mi vida, o darle mi vida al tren.
Morirme es muchas veces un pensamiento que llevo conmigo a pasear
pero que no me creo.
Por eso tampoco lo comparto con nadie.
Bueno, sí, con un amigo solo.
Una vez, no sé si me escuchó decirlo:
"Muchas veces siento ganas de morirme. Es feo sentirse así, sabes?"
Nosé si dije eso exactamente pero recuerdo que por lo menos así me sentía.
No me grites,
no me digas que soy tonta,
no me retes por pensar distinto,
no me digas que la voy a pagar con sangre solo porque no te tengo miedo.
Voces y voces que ejercen violencia
sobre mi cuerpo,
mis oidos,
mi psiquis,
mi ideología.
Llorar a veces no alcanza, y llorar a veces es lo único que puedo hacer.
Porque cuando descubrí que ese miedo tan inmenso que le tenía al tren, se había convertido en respeto, entendí que cualquier día podían ser las vías un lugar digno de mi fin.
Pero no me quiero morir,
y puede ser por eso
que solo me calme llorando,
sin que nadie entienda
por qué lloro tanto.
No tengo puerta,
no tengo trabajo,
no tengo abrazos,
no tengo amor,
no tengo paz.
Un no gigante me anula
la vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario